enero 13, 2026

La revolución rusa de 1905: El preludio de la Revolución bolchevique de 1917.

Por Rodrigo Bustos. Historiador. 

Eclipsada por los hechos de la Revolución bolchevique de 1917, esta rebelión fue una advertencia de lo qué pasaría más de una década después. No obstante, los dirigentes rusos no supieron sacar conclusiones de un hecho dramático que podía haberles ayudado a rectificar a tiempo su nula sensibilidad ante el sufrimiento del pueblo por la carestía y el hambre.

El detonante del malestar popular fue la humillante derrota en la guerra contra Japón (1904-1905). El régimen zarista, principal responsable de la debacle militar, recibió fuertes críticas, que se difundieron como reguero de pólvora. 

En diciembre de 1904, los obreros del petróleo del Cáucaso iniciaron una huelga en demanda de mejoras laborales. Un mes más tarde, un sacerdote llamado Gapón marchó frente de una multitud hacia el Palacio de Invierno en San Petersburgo, con la finalidad de presentarle al zar una petición reclamando la jornada laboral de 8 horas y un salario mínimo de un rublo al día. Cuándo la manifestación llegó ante los muros del palacio de gobierno, los militares que los custodiaban lanzaron una carga de caballería para disolverla. Aquella trágica jornada, conocida como el Domingo Sangriento, se saldó con la muerte de cientos de personas. A partir de entonces, las huelgas se propagaron a las principales ciudades industriales y estallaron insurrecciones en distintas partes del Imperio. Ante la cara que tomaban los acontecimientos, el zar Nicolás II anunció una serie de reformas y la convocatoria de una Duma (parlamento), pero en cuánto contó con las fuerzas militares suficientes se "olvidó" de sus propuestas y ordenó una feroz represión.

A pesar de su fracaso, la Revolución de 1905 puso de manifiesto la debilidad de un régimen que perdia gradualmente prestigio. La burguesía y los movimientos obreros sopesaron la fuerza de su descontento hacia una clase dirigente aferrada a sus privilegios. Por el momento, la monarquía se había salvado gracias al apoyo del aparato burocrático y de la oficialidad del ejercito, pilares que no tardarían en ceder ante la presión de los acontecimientos de los años siguientes. 

enero 09, 2026

La sublevación del Potemkin en la Rusia zarista.

Por Rodrigo Bustos. Historiador. 



En 1905, el acorazado Potemkin, bautizado con ese nombre en honor a uno de los proceres de la Rusia del siglo XVIII, era uno de los buques más modernos de la flota de guerra rusa. No obstante, las condiciones de vida a bordo eran un ejemplo a pequeña escala de lo que sucedia en la Rusia de los zares. La oficialidad, inutil y corrupta, se regía por principios clasistas y despóticos que humillaban a los marineros de la tripulación, reducidos a la categoria de siervos. La situación llegó a un punto insostenible que auguraba un estallido incontrolable, que finalmente se produjo con ocasión de los acontecimientos que tuvieron lugar durante la revolución de 1905.

El 27 de junio de 1905 el acorazado navegaba por las aguas del Mar Negro cuando ocurrió la sublevación. El detonante fue la negativa de algunos marineros a aceptar las raciones de carne podrida que les eran servidas. La reacción de los oficiales fue la esperada: reprimir a sus subordinados, en su mayoría hombres analfabetos de la Rusia profunda. No obstante, los amotinados consiguieron hacerse con el control del barco y los oficiales que se resistieron lo pagaron con la vida.


Un símbolo de la revolución.

Con la finalidad de una rebelión naval a mayor escala, el Potemkin se dirigio hacia el puerto de Odesa (actual Ucrania). Sin embargo, su acción no encontró lo esperado por parte del resto de la escuadra rusa del Mar Negro. Tras zarpar de nuevo para evitar represalias, el buque navegó varios días sin rumbo hasta que el 8 de julio fue entregado a las autoridades rumanas del puerto de Constanza. Cómo él mismo reconoció, el motín del acorazado Potemkin causó una profunda conmoción en el zar Nicolás II. Encerrado en su jaula de oro y desconectado de las demandas sociales del pueblo ruso, nunca imaginó que los marinos pudieran rebelarse en armas contra la autoridad que él representaba. Con el tiempo, la sublevación del barco se convirtió en un símbolo de la Revolución de Octubre, sobre todo a partir del estreno, en 1925, del film el acorazado Potemkin, dirigida por Serguéi Eisenstein, cinta que con sus impactantes escenas elevó el suceso hasta niveles épicos y sirvió como herramienta de propaganda para el régimen bolchevique. 


enero 06, 2026

La desconocida rebelión de Kronsdat en la Rusia bolchevique.

Por Rodrigo Bustos. Historiador. 




No todas las insurrecciones fueron contrarrevolucionarias o separatistas del régimen bolchevique, ya que la insurrección del Kronsdat fue el último gran levantamiento de izquierda en el contexto de la guerra civil rusa. En la base naval báltica de Kronsdat, el 1 de marzo de 1921 se proclamó una comuna revolucionaria de carácter democrático y con presencia de bolcheviques desencantados con la política de Lenin. El alma de la revuelta fue la maltratada marinería de la flota allí anclada (unos 13.000 marineros) y parte de la población, que sufría hambre y desabastecimiento, qué aportó unos 2000 combatientes más. Exigían elecciones libres para los soviets, legalización y participación en otras organizaciones obreras (para combatir el monopolio político de los bolcheviques), legalización de las huelgas, mayores libertades democráticas, etc. Tras infructuosas negociaciones, el gobierno de turno decidió asaltar la base, lo qué provocó un baño de sangre. Casi 50.000 soldados del Ejército Rojo atacaron a unos 15.000 rebeldes, pero pagaron el sideral precio de casi 9000 bajas entre muertos y heridos. La represión fue deleznable, y de los 14.000 rebeldes sobrevivientes (1000 murieron en los combates), unos 8000 lograron escapar a Finlandia y el resto fue pasado por las armas o enviado a campos de concentración. Como respuesta a las carencias económicas y para evitar el contagio a otras zonas, Lenin aceleró la implementación de la NEP (Nueva Política Económica) y se aplastó a la disidencia política y de las corrientes internas dentro del Partido Comunista (X Congreso).