Por Rodrigo Bustos. Historiador.
En 1905, el acorazado Potemkin, bautizado con ese nombre en honor a uno de los proceres de la Rusia del siglo XVIII, era uno de los buques más modernos de la flota de guerra rusa. No obstante, las condiciones de vida a bordo eran un ejemplo a pequeña escala de lo que sucedia en la Rusia de los zares. La oficialidad, inutil y corrupta, se regía por principios clasistas y despóticos que humillaban a los marineros de la tripulación, reducidos a la categoria de siervos. La situación llegó a un punto insostenible que auguraba un estallido incontrolable, que finalmente se produjo con ocasión de los acontecimientos que tuvieron lugar durante la revolución de 1905.
El 27 de junio de 1905 el acorazado navegaba por las aguas del Mar Negro cuando ocurrió la sublevación. El detonante fue la negativa de algunos marineros a aceptar las raciones de carne podrida que les eran servidas. La reacción de los oficiales fue la esperada: reprimir a sus subordinados, en su mayoría hombres analfabetos de la Rusia profunda. No obstante, los amotinados consiguieron hacerse con el control del barco y los oficiales que se resistieron lo pagaron con la vida.
Un símbolo de la revolución.
Con la finalidad de una rebelión naval a mayor escala, el Potemkin se dirigio hacia el puerto de Odesa (actual Ucrania). Sin embargo, su acción no encontró lo esperado por parte del resto de la escuadra rusa del Mar Negro. Tras zarpar de nuevo para evitar represalias, el buque navegó varios días sin rumbo hasta que el 8 de julio fue entregado a las autoridades rumanas del puerto de Constanza. Cómo él mismo reconoció, el motín del acorazado Potemkin causó una profunda conmoción en el zar Nicolás II. Encerrado en su jaula de oro y desconectado de las demandas sociales del pueblo ruso, nunca imaginó que los marinos pudieran rebelarse en armas contra la autoridad que él representaba. Con el tiempo, la sublevación del barco se convirtió en un símbolo de la Revolución de Octubre, sobre todo a partir del estreno, en 1925, del film el acorazado Potemkin, dirigida por Serguéi Eisenstein, cinta que con sus impactantes escenas elevó el suceso hasta niveles épicos y sirvió como herramienta de propaganda para el régimen bolchevique.

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